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Carla Gilardi Olazabal
Directora de Ambar del Alma
Terapeuta Holístico, formación integral en Terapias
Complementarias en la Asociación Educativa
AYNIWASI  R.M. 0598-2004-ED en Lima - Perú.
Autora de los libros: "Mandalas","Mandalas Andinos", "Espejo del Alma", y "Mensajesde los Angeles"

Terapias:
Método Ambar® de Alineamiento de Chakras y Armonización Energética Integral
Sintergética /  Bioenergética
Sanación Reconectivas y Reconexiones
Canalización
Farmacia Floral
Bioingienería Cuántica
Corte de Lazos
     Estudio Realizados


Dr. Masaru Emoto
Dr. Masaru Emoto en Cusco
Don Miguel Ruiz
Cierre de Formación en Biodescodificación con Claude Bouvier
Regalo de libro del Dr. Masaru Emoto a niños
Feria del Libro Ricardo Palma 2015
Joan Garriga
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Mabel Katz
Retiro Espiritual Marakech y el Desierto del Sahara Marruecos
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Sobre Carla

Algunas personas emprenden un viaje cuando son adultas.
El mío comenzó antes de que pudiera recordarlo.

Tenía apenas un año y medio cuando emprendí un largo viaje desde Sudáfrica hasta Lima, Perú. Aquel acontecimiento fue tan inusual para la época que incluso apareció en los periódicos.

Hoy, al mirar hacia atrás, siento que ese primer viaje fue una metáfora de toda mi existencia, he sido una viajera desde el comienzo. No solo por los países y continentes que he recorrido, sino por las preguntas que han guiado mi vida.

Siempre quise comprender.

Comprender al ser humano.
Comprender el sufrimiento.
Comprender por qué algunas personas logran transformar sus heridas mientras otras permanecen atrapadas en el dolor.
Comprender qué nos permite recuperar la paz, el sentido y la esperanza.

A los 18 años volví a partir. La vida me llevó a residir durante catorce años en Asia, donde entré en contacto con culturas, tradiciones y formas muy diferentes de comprender la existencia.

Allí aprendí que el silencio también enseñaue la meditación transforma.
Que el cuerpo habla.
Que la naturaleza posee una sabiduría inmensa.
Y que el ser humano es mucho más que su dimensión física.

Fue también allí donde conceptos como el karma, el dharma, la reencarnación y la conciencia dejaron de ser ideas lejanas y comenzaron a formar parte de mi manera de observar la vida.

Desde entonces no he dejado de busca, he viajado por diferentes países y me he formado con médicos, terapeutas, científicos y maestros espirituales pertenecientes a diversas tradiciones. Cada experiencia, cada estudio y cada encuentro dejaron una huella en mi camino. Pero nunca quise acumular conocimientos ni reunir técnicas sin un sentido profundo. Quise comprender qué tenían todas ellas en común. Con los años descubrí que, aunque emplearan lenguajes distintos, muchas de esas enseñanzas señalaban una misma verdad:

La vida siempre busca recuperar su equilibrio, esa comprensión transformó mi forma de acompañar a las personas. Entendí que ninguna técnica, por sí sola, podía abarcar la complejidad del ser humano. Que el cuerpo, las emociones, la energía, la mente y la conciencia forman parte de un mismo sistema. Y que detrás de cada síntoma, de cada bloqueo y de cada sufrimiento existe una historia que necesita ser escuchada con respeto.

Mi camino no ha estado separado del dolor, a lo largo de mi vida he atravesado abandonos, pérdidas, desilusiones, traiciones, frustraciones y momentos de profunda desesperanza. No siempre comprendí de inmediato para qué llegaban esas experiencias. Muchas veces tuve que atravesarlas lentamente, aprender de ellas y encontrar una nueva mirada. Con el tiempo, aquello que un día fue una herida comenzó a convertirse en conciencia.

Lo que me había causado dolor se transformó en sensibilidad para reconocer el dolor del otro.

Las pérdidas me enseñaron a acompañar los duelos.
Los abandonos me permitieron comprender la necesidad de sostén y pertenencia.
Las desilusiones me llevaron a buscar la verdad interior.
La desesperanza me enseñó el valor de volver a encontrar sentido.

No acompaño a las personas únicamente desde lo que he estudiado. Las acompaño también desde lo que he vivido, comprendido y transformado en mi propio camino. Durante más de veinte años he tenido el privilegio de acompañar a miles de personas. Cada una de ellas también se convirtió en mi maestra. Mis pacientes me enseñaron que la verdadera transformación no ocurre solamente cuando aplicamos una herramienta terapéutica.

Ocurre cuando una persona puede sentirse escuchada, contenida y respetada en su dolor; cuando logra contemplar su historia desde un lugar diferente y permite que esa nueva comprensión encuentre coherencia en su cuerpo, en sus emociones, en su energía y en su vida.

Así nació, poco a poco, el Método Ambar® de Alineamiento de Chakras y Armonización Energética Integral. No nació como una técnica creada en un solo momento, nació como la síntesis viva de una vida entera de búsquedas, viajes, aprendizajes, experiencias personales y acompañamiento terapéutico. Es una manera de tender puentes entre la ciencia, la conciencia, la energía y la dimensión espiritual del ser humano, desde una visión profundamente humana y con fundamento en la Sintergética.

Mi propósito nunca ha sido únicamente aliviar el sufrimiento, mi propósito es acompañar a cada persona a recuperar la coherencia, el orden y la armonía que habitan en su interior; a transformar sus heridas en conciencia y a recordar la sabiduría profunda de su propio ser. Porque creo que cuando una persona transforma su vida desde la conciencia, también transforma la manera en que ama, se relaciona, educa, trabaja y sirve al mundo. Y cada ser humano que recupera su coherencia contribuye, de alguna manera, a la evolución de la humanidad.

Ese es el verdadero propósito de haber creado el Método Ambar®:

Acompañar la evolución del ser humano, una persona a la vez.

Carla Gilardi Olazábal
Fundadora y directora de Ambar del Alma
Creadora del Método Ambar®

La vida me regaló el privilegio de compartir con personas cuya forma de comprender el mundo transformó profundamente mi propia mirada. Los maestros que la vida puso en mi camino, nadie recorre solo el camino de la conciencia. Si hoy puedo compartir el Método Ambar®, es porque la vida fue poniendo en mi camino personas extraordinarias que, con su ejemplo, su sabiduría y su presencia, fueron sembrando en mí una nueva forma de comprender la salud, la conciencia y el servicio.

A lo largo de más de veinte años tuve el inmenso privilegio de traer al Perú a algunos de los maestros más inspiradores del mundo en los campos de la conciencia, la espiritualidad y la medicina integrativa. Mi intención nunca fue solamente organizar talleres, mi propósito era acercar al Perú enseñanzas que despertaran una nueva manera de mirar la vida y contribuir, desde mi país, a la expansión de la conciencia. Con el paso de los años comprendí que mi verdadera labor no era únicamente organizar encuentros, era servir de puente. Tender puentes entre culturas, conocimientos, corazones y personas que quizá nunca habrían tenido la oportunidad de encontrarse. Y, sin imaginarlo, ese servicio terminó convirtiéndose también en uno de los mayores regalos de mi propia vida.

La organización de estos encuentros me permitió compartir mucho más que un escenario, tuve el privilegio de convivir con muchos de ellos, conversar largamente, viajar, compartir desayunos, almuerzos, cenas y momentos cotidianos que jamás habrían sido posibles dentro de una simple formación. Fue allí donde comprendí que los verdaderos maestros enseñan mucho más con su manera de vivir que con sus palabras.

El Dr. Masaru Emoto me mostró la inmensa fuerza de la intención, la belleza y el amor. Compartir tantos días junto a él fue un regalo que atesoro profundamente y que transformó para siempre mi forma de comprender la vida.

El Dr. Jorge Carvajal Posada ha sido uno de los grandes maestros de mi camino. Su visión de la Sintergética, su profunda humanidad y su capacidad de integrar ciencia, conciencia y servicio dejaron una huella imborrable en mí.

Don Miguel Ruiz me enseñó el valor de la impecabilidad, de la libertad interior y de vivir desde la autenticidad.

Mabel Katz, a quien tuve el honor de traer al Perú durante varios años consecutivos, me permitió profundizar en el Ho’oponopono como un camino de responsabilidad, reconciliación y paz interior.

Jasmuheen amplió mi comprensión sobre la verdadera nutrición del ser humano. Me enseñó que el hambre no siempre pertenece al cuerpo físico; muchas veces es el corazón, el alma o las emociones las que necesitan ser alimentadas.

Pedro Engel, con su inmensa humildad y calidez, me recordó la importancia de la tribu, de la comunidad y de caminar acompañados.

Dana Tir me enseñó a ingresar al corazón y a descubrir que las respuestas más profundas no nacen de la mente, sino del espacio donde habita nuestra verdadera esencia.

Pepper Lewis despertó en mí una relación completamente nueva con Gaia. Gracias a ella aprendí a escuchar la Tierra, a dialogar con ella y a sentirme parte inseparable de este gran organismo vivo que nos sostiene.

También tuve el privilegio de compartir y aprender de Lee Carroll, Peggy Dubro, Claude Bouvier, Dr. Santiago Rojas, Dr. Santiago Córdova, Joan Garriga, Lorena Caravedo, Deva Premal, Robert Coxon, Dr. Eduardo Grecco y muchos otros seres extraordinarios que enriquecieron profundamente mi camino.

A todos ellos les expreso mi más profunda gratitud, cada uno dejó una huella, cada uno sembró una semilla. Sin embargo, el mayor aprendizaje que recibí de todos ellos fue comprender que ningún maestro viene a decirnos qué pensar. Los verdaderos maestros despiertan en nosotros el valor de descubrir nuestra propia verdad y de recorrer nuestro propio camino.

Por eso, el Método Ambar® no pretende ser la continuación de ninguna escuela ni la repetición de ninguna enseñanza, es una síntesis viva de todo lo recibido, de todo lo experimentado, de todo lo comprendido y de todo lo transformado a través de mi propia vida. Pero, sobre todo, es el fruto del aprendizaje que miles de personas me han regalado al confiar en mí durante más de veinte años de acompañamiento.

Hoy miro hacia atrás con una profunda emoción, comprendo que la vida fue tejiendo cada encuentro con un propósito, cada maestro llegó en el momento preciso, cada enseñanza encontró su lugar, y cada semilla regada por la experiencia, el amor y el servicio, terminó floreciendo en el Método Ambar®.

Porque, al final, el mayor maestro siempre ha sido la vida. La vida me concedió el privilegio de aprender de grandes maestros. Mi mayor responsabilidad fue transformar esas enseñanzas en un servicio amoroso para los demás. Desde muy pequeña despertó en Carla el amor por la naturaleza, los animales y los seres del planeta. Desde niña sentí un profundo respeto por toda forma de vida. Los animales, la naturaleza y las personas nunca estuvieron separados para mí. Siempre percibí que todo estaba conectado, mi mayor privilegio no fue conocer grandes maestros, fue servir para que sus enseñanzas llegaran a miles de personas y permitir que, en ese servicio, también transformaran profundamente mi propia vida.

La vida me concedió el privilegio de aprender de grandes maestros, mi mayor responsabilidad fue transformar esas enseñanzas en un servicio amoroso para los demás.

El Quirón herido que transforma su dolor en amor.

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