¿Qué es el alma?
Para el Método Ambar®, el alma es la expresión más elevada de nuestra conciencia.
Es la inteligencia profunda que conoce nuestro propósito, recuerda el sentido de cada experiencia y nos orienta constantemente hacia nuestra evolución. El alma conserva la memoria de quienes verdaderamente somos. Cuando nos alejamos de ella, perdemos coherencia. Y cuando perdemos coherencia, aparece el desorden en nuestros pensamientos, en nuestras emociones, en nuestra energía y, finalmente, en nuestro cuerpo.
Por eso, sanar no significa únicamente aliviar un síntoma. Sanar es volver a escuchar al alma. Es permitir que esa conciencia superior restablezca el orden que siempre ha existido en nuestro interior. Desde esa coherencia recuperada emerge la armonía, y desde la armonía florecen la salud, el bienestar y una vida vivida con propósito.
En el Método Ambar® creemos que el alma no necesita ser sanada. Lo que necesita es ser escuchada, porque ella nunca ha olvidado el camino. Somos nosotros quienes, a veces, dejamos de escuchar su voz.
El alma no enferma. Lo que pierde coherencia es la personalidad, el cuerpo, las emociones, la mente y el campo energético.
El alma permanece íntegra, es la referencia, es el patrón, es el arquetipo, es la inteligencia organizadora. Y eso cambia completamente la filosofía del Método Ambar®. Entonces, escribiría un principio que me parece precioso:
El alma no necesita ser sanada. El alma conserva intacta la memoria de nuestra verdadera naturaleza.
El proceso terapéutico consiste en ayudar a la persona a restablecer la coherencia entre su personalidad y esa conciencia superior, para que el orden, la armonía y el bienestar puedan volver a expresarse en su vida.
La coherencia nace cuando la personalidad vuelve a alinearse con el alma. Es decir, el recorrido filosófico del Método Ambar® es:
El alma recuerda.
La conciencia comprende.
La personalidad se reorganiza.
La energía se armoniza.
El cuerpo expresa el cambio.
Durante más de veinte años he acompañado a miles de personas. Este camino me ha permitido comprender que la verdadera armonización no consiste solamente en equilibrar la energía, sino en ayudar al ser humano a recuperar la coherencia entre su cuerpo, sus emociones, su energía, su conciencia y su propósito.