Terapia de Reflexología Podal
Lunes a Viernes
6:00pm a 8:00pm

Sábados
10:30am a 7:30pm

Valor S./ 70.00
Domicilio  S./ 100.00

Terapeuta: Julia Rivera
La Reflexoterapia Podal es un masaje energético en los pies, con movimientos específicos generando reflejos sanadores, donde están ubicados todo las partes del cuerpo y sus órganos, localizados en diferentes partes de la planta del pie, permite  identificar en que parte esta el desequilibrio, al presionar uno de las zonas de la planta del pie, la cual esta sensible al dolor y en la medida que se continua con las sesiones  el dolor se va alejando,  lo que nos indica que ya se recupero el equilibrio de ese órgano o parte del cuerpo afectada.

Julia Rivera
Terapeuta  Holìstica
Reflexoterapia Podal, con nivelación y apertura de los chackas
Reiki, Shiatsu
Docente en Reflexoterapia
Inicia su formación como Terapeuta el año 1999 con el Reiki hasta el nivel III, fue una experiencia convincente, para continuar el camino de ayudar y por mayor bien a las personas que requieren servicio de sanación. Así fue que y siguó preparándose en terapias complementarias en Shiatsu, Healing Touch - Nivel I, II, y III Energy Medicine Nivel I, II, III y IV; Esencias de Flores de Bach y Orquídeas colombianas.
En el año 2001 se capacitó en el Centro de Reflexoterapia Podal de las Hnas de San pablo de Chartres, con la Hna Juana Cattin.

La Reflexología

En los pies y en las manos existen áreas que son el reflejo de cada componente del organismo. La actuación sobre esas zonas puede ayudar a mejorar las funciones de órganos y aparatos, para que recuperen el equilibrio perdido o se opongan a la agresión de agentes capaces de desarrollar enfermedades.

La idea de ver resumidas en una parte circunscrita del cuerpo todos los componentes del organismo y de poder modificar su estado mediante intervenciones limitadas a esa parte es una proyección que se encuentra bastante extendida tanto en Oriente como en Occidente.

Los expertos en masaje zonal comparten dicho concepto. En efecto, están convencidos de que en los pies y en las manos existen zonas representativas de todas las demás partes del cuerpo, con las cuales están conectadas por vía nerviosa. Además, consideran que, como consecuencia de influencias ambientales desfavorables, se puede registrar una ingente acumulación de sales de calcio y de cristales de ácido úrico en las terminaciones nerviosas de los pies, bloqueándolas y en consecuencia alterando la estimulación normal de glándulas y órganos. Determinados masajes pueden contribuir a la eliminación de estos cristales y sales, devolviendo así a los órganos su estimulación normal y en consecuencia la capacidad de recuperar en poco tiempo sus funciones normales.

Historia

Los orígenes históricos del masaje zonal se remontan, inevitablemente, a Hipócrates, padre de la medicina occidental que vivió en el siglo v y defensor del masaje en general. No obstante, no faltan tampoco ejemplos más cercanos a nosotros de hombres ilustres que han practicado con muy buenos resultados el masaje zonal; entre ellos cabe citar al polifacético Benvenuto Cellini (15OO-15), que al parecer combatía dolores de todo tipo imprimiendo una fuerte presión sobre los dedos de las manos y de los pies.

No obstante, la ordenación actual del masaje zonal es obra reciente del médico norteamericano William H. Fitzgerald (1872 1942), que empezó a dar a conocer sus teorías y sus resultados prácticos en 1~3. Según dicho autor el cuerpo humano se halla atravesado, en sentido longitudinal, por diez meridianos, que lo dividen en otras tantas zonas, cada una de ellas ocupada por determinados órganos cuyo "reflejo" se encuentra en áreas perfectamente definidas de los pies y de las manos. Sobre este planteamíento de origen se han producido numerosas variantes, sobre todo en lo referente a la técnica de masaje de las distintas zonas de los pies y de las manos, que no tienen una indicación concreta, pudiendo cada uno seguir sus propias directrices.

Cómo se realiza

Una de las mayores cultivadoras del masaje zonal, la norteamericana Funíce D. Ingham, sugiere realizarlo mediante presión con el pulgar, imprimiendo un movimiento similar al que emplearíamos para pulverizar un terrón de azúcar con el pulgar de una mano sobre la palma de la otra. Ante todo, es muy importante la posición tanto del masajeado como del masajista. Lo mejor, naturalmente, es que el paciente se tumbe con un cojín bajo las rodillas y el pie posado sobre las rodillas del masajista, el cual debe colocarse en una postura que le garantice la mayor comodidad posible. El movimiento del pulgar (o de otros dedos) sobre la parte masajeada debe ser lento, profundo y circular. No obstante, antes de comenzar el masaje es conveniente que el masajista se familiarice con cada píe, tomándolo entre las manos y manipulándolo durante al menos un minuto. Al mismo tiempo, el paciente se preparará para la operación relajándose con dos, tres respiraciones profundas.

Dado que, presumiblemente, en el masaje zonal se produce un auténtico intercambio energético entre masajeado y masajista, una especie de comunión, es conveniente que también este último se relaje y trate de respirar, mientras dura el masaje, en sintonía con su paciente. La posibilidad de que el masajista se cargue de energía negativa procedente del masajeado es un peligro constante, del que no obstante se puede salvar guardando una precaución relativamente sencilla: imaginar que alrededor de los codos brilla una luz blanca y repetirse que esa luz es un escudo suficiente para una protección completa. Si, aun tomando durante el masaje todas las precauciones debidas, se siente cansancio o tensión, para alejarlas basta con realizar dos movimientos decididos con las manos, cumo para liberarlas de unas gotas de agua. El hecho de lavarse las manos después de cada sesión y de mantenerlas cierto tiempo en agua fría contribuye a la relajación del masajista. Por cuanto respecta a la duración del masaje zonal, puede decirse que varía dependiendo de si la actuación tiene una finalidad meramente relajadora o bien claramente terapéutica. En el primer caso puede durar incluso una hora (medía hora cada píe); en el segundo caso hay que evitar excesos de estimulación, por lo que el masaje no debería superar el cuarto de hora para cada píe. Es mejor masajear durante unos minutos una zona para luego volver a ella más tarde, en el curso de la misma sesión.

Las toxinas que se liberan durante el masaje deben ser eliminadas. Para evitar acumulaciones peligrosas es conveniente espaciar las sesiones, del mismo modo que se aconseja que cada sesión vaya seguida de un corto descanso o de un sueñecito.

El éxito del tratamiento depende de la habilidad con la que se lleva a cabo. El principio fundamental es reducir la tensión y facilitar el aflujo de sangre al área afectada. La reflexología, según sus cultivadores, estimula además el flujo de energía fina, que revitaliza así todo el organismo.

Obviamente, la edad y las condiciones de la persona tratada influyen notablemente en la velocidad de curación. Si el trastorno es ya antiguo, la sustitución de células débiles y enfermas será un proceso gradual. El masaje zonal resulta beneficioso para personas de todas las edades, desde el niño muy pequeño hasta el anciano. Para el primero será suficiente un ligero frotamiento de la planta del píe. Los niños de edad más avanzada requieren un masaje más ligero que los adultos.
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